¿Qué nos hace ser padres o hijos?

   Muchas personas nos pueden preguntar ¿Qué nos hace ser padres o hijos?  Algunas personas e inclusive familiares nos pueden desanimar diciendo que la sangre llama, o que la genética de los individuos es mas fuerte. Otros nos pueden decir que el instinto materno es mas grande que nada y por ser madre adoptiva no desarrollaría el instinto materno.

    Según Friedrich von Schiller: No es la carne y la sangre sino el corazón lo que nos hace padres e hijos. En estas palabras existe mucha sabiduría.

   Cuando mi esposo y yo vimos y conocimos a nuestros hijos, le comentamos a alguno de nuestros familiares y amigos sobre nuestro deseo de adoptar niños mayores. Algunos de estos se pusieron nerviosos por toda la secuela que pudiera traer esto a nuestra vida. Además, cuestionaron el apego que pudiera sentir un niño “mayor” por nosotros.

   Yo también tenía varias interrogantes. Como por ejemplo: ¿Estos niños podrán apegarse a mi y yo a ellos? ¿Donde queda el instito maternal?

   Cierta vez me despierto creyendo haber escuchado a mi hijo. Corrí hacia su cuarto y lo toqué. El estaba con una fiebre alta, rapidamente lo llevé al hospital. En otra ocasión, mi hija estaba en su cuarto y le cayó algo en su pié y gritó. No se como, salté de un lado de la cama, como la mujer biónica, y llegué a ver com estaba mi hija.  Mi esposo se quedó perplejo de como yo llegué tan rápido al cuarto de mi hija. Entonces supe que yo tenía mi instinto maternal desarrollado para mis hijos.

   Como dice Schiller, no es la sangre la que llama.  Es el corazón que ponemos en lo que estamos haciendo lo que nos hace ser padres. Es el pensamiento que lo tenemos en nuestros hijos todo el tiempo.

   Cuando no tenía hijos, mis amistades me comentaban que cuando salían de compras ya no compraban para ellas, solo pensaban en comprar algo para sus hijos. Cuando adopté me pasó igual, ahora siempre que voy de tiendas termino comprando para mis hijos y no para mí. Son ellos los que me dicen: “pero mami, comprate algo para ti”, me ayudan a buscar la ropa y hasta me combinan.

   Mis hijos se han apegado a mi de una manera extraordinaria. Como dice mi esposo, tienen mamitis. Aunque no han olvidado a sus padres biológicos, me aman y me aceptan como mamá. Y eso me hace muy feliz y lo más importante, se que yo los hago feliz a ellos.

   A los hijos tenemos que amarlos como son, no importa lo que hagan o digan. Si tienen o desarrollan una enfermedad. O si son inteligentes o carecen de muchas destrezas. Lo que importa es el amor, lo demás vendrá por añadidura.

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