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Carta de mi hija

      

          Hoy, a pesar de las dificultades que trae la crianza de los hijos, me percaté que aunque no soy una madre perfecta; lo estoy haciendo bien.

                Una vez el filósofo y político italiano Vincenzo Gioberti dijo: “El padre debe ser el amigo, el confidente, no el tirano de sus hijos”. Estas palabras cuando las leí calaron profundamente en mi mente.

             Cuando adoptamos un niño, este en la mayor parte de las veces carece de estructuras y de reglas de comportamiento. Deseamos que sean personas exitosas recalcando reglas y modos de comportarse aceptablemente. Estos niños han carecido de un padre y madre que ellos puedan considerar amigos y personas que los pueden escuchar y entender. Entonces pienso en las palabras de Vincenzo Gioberti y entiendo que haciéndonos amigos de nuestros hijos, les podemos brindar la mayor felicidad.

                Como les decía en un principio, hoy mi hija me escribió la siguiente carta:

            Querida mami:   Te escribo esta carta para decirte lo mucho que te amo y te necesito. Eres muy especial en mi vida. Gracias por cuidarme y ayudarme siempre en mis cosas. Siempre puedo confiar en ti y cuento con tu apoyo incondicional. Eres la mejor madre del mundo y mi mejor amiga. Te amo.

             Cuando leo una y otra vez esta carta que me entregó hoy, mi hija de 9 años, y analizo el contenido de esta cartita creo que lo estoy haciendo bien, no soy perfecta pero soy una buena madre. Que mi hija me ha aceptado como su mama. Esta carta me enseña que cambiando la forma de trabajar con nuestros hijos podemos ganar mucho más.

            Aprendamos que así como Dios es nuestro padre y nos disciplina cuando tiene que hacerlo y nos da lecciones para que aprendamos en la vida, también es nuestro amigo y nuestro confidente; y nosotros como padres debemos hacer lo mismo.

          Haciéndonos amigos de nuestros hijos les demostramos que estaremos presentes aun cuando las circunstancias sean difíciles.

          La carta de mi hija, es el mejor regalo que ella me pudo haber brindado. Así como mi madre es mi mejor amiga, quiero seguir siendo la mejor amiga de mi hija.

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¿Qué nos hace ser padres o hijos?

   Muchas personas nos pueden preguntar ¿Qué nos hace ser padres o hijos?  Algunas personas e inclusive familiares nos pueden desanimar diciendo que la sangre llama, o que la genética de los individuos es mas fuerte. Otros nos pueden decir que el instinto materno es mas grande que nada y por ser madre adoptiva no desarrollaría el instinto materno.

    Según Friedrich von Schiller: No es la carne y la sangre sino el corazón lo que nos hace padres e hijos. En estas palabras existe mucha sabiduría.

   Cuando mi esposo y yo vimos y conocimos a nuestros hijos, le comentamos a alguno de nuestros familiares y amigos sobre nuestro deseo de adoptar niños mayores. Algunos de estos se pusieron nerviosos por toda la secuela que pudiera traer esto a nuestra vida. Además, cuestionaron el apego que pudiera sentir un niño “mayor” por nosotros.

   Yo también tenía varias interrogantes. Como por ejemplo: ¿Estos niños podrán apegarse a mi y yo a ellos? ¿Donde queda el instito maternal?

   Cierta vez me despierto creyendo haber escuchado a mi hijo. Corrí hacia su cuarto y lo toqué. El estaba con una fiebre alta, rapidamente lo llevé al hospital. En otra ocasión, mi hija estaba en su cuarto y le cayó algo en su pié y gritó. No se como, salté de un lado de la cama, como la mujer biónica, y llegué a ver com estaba mi hija.  Mi esposo se quedó perplejo de como yo llegué tan rápido al cuarto de mi hija. Entonces supe que yo tenía mi instinto maternal desarrollado para mis hijos.

   Como dice Schiller, no es la sangre la que llama.  Es el corazón que ponemos en lo que estamos haciendo lo que nos hace ser padres. Es el pensamiento que lo tenemos en nuestros hijos todo el tiempo.

   Cuando no tenía hijos, mis amistades me comentaban que cuando salían de compras ya no compraban para ellas, solo pensaban en comprar algo para sus hijos. Cuando adopté me pasó igual, ahora siempre que voy de tiendas termino comprando para mis hijos y no para mí. Son ellos los que me dicen: “pero mami, comprate algo para ti”, me ayudan a buscar la ropa y hasta me combinan.

   Mis hijos se han apegado a mi de una manera extraordinaria. Como dice mi esposo, tienen mamitis. Aunque no han olvidado a sus padres biológicos, me aman y me aceptan como mamá. Y eso me hace muy feliz y lo más importante, se que yo los hago feliz a ellos.

   A los hijos tenemos que amarlos como son, no importa lo que hagan o digan. Si tienen o desarrollan una enfermedad. O si son inteligentes o carecen de muchas destrezas. Lo que importa es el amor, lo demás vendrá por añadidura.